martes, 21 de marzo de 2017

RELATOS DE BADALONA (2)

RELATOS DE BADALONA (2)
LOS TRES PAQUISTANIES. Primera parte, la hipoteca.


Escribe Lluis Casas


Antes de relatarles esta compleja historia, tengo la obligación de hacerles la siguiente advertencia: el conjunto de lo que viene a continuación es una invención del autor, pero cada una de las personas y de los detalles están sacados de la realidad cierta. Simplemente he unido en un único relato diversas experiencias, lo cual no quita que, en esencia, lo que les detallo narrativamente pueda figurar como algo perfectamente vivido. Les evito, como a mí mismo, los nombres figurados de los personajes en su propia lengua, por su complejidad y la dificultad de pronunciación y me decido por los números y no por nombres latinos como José o Miguel para ser más respetuoso con los significados nominales.

Hace unos pocos años, el paquistaní que llamaremos UNO, un hombre casado, trabajador y ciertamente emprendedor llegó solo a Badalona. Como si esta ciudad fuera una quimera. No sabemos de dónde venía, pero si su origen como certifican sus documentos. Tampoco consta cómo lo hizo y que dificultades tuvo que soportar para llegar a esta esquina mediterránea.
Como es habitual en estos casos, UNO fue acogido por otros compatriotas que le ayudaron en el procedimiento de buscar trabajo, hacerse con el dominio de unas cien palabras castellanas, una docena en catalán y en el entendimiento básico de la sociedad badalonesa y española: seguridad social, salud, derechos, etc. hagan una lista situándose como emigrantes, digamos en Uzbequistan, y estarán al cabo de la calle.

La suerte y la coyuntura produjeron trabajo, ingresos estables y el deseo de traer al resto de su familia. UNO se vio paulatinamente integrado en el nuevo mundo. Con la habilidad propia de sus connacionales consiguió que su esposa, sus dos hijos y su suegra llegasen en buenas condiciones. Con su llegada se desencadenó la necesidad de una vivienda, cosa hasta el momento suplida por el hacinamiento solteril con diversos camaradas.

Ahí, la historia de UNO se identifica totalmente con las peripecias que cualquier familia en busca de acomodo decente en un tiempo en que los alquileres subían y la oferta era escasa, como siempre.

UNO, con el particular sentido práctico de su cultura, decidió que, si bien un alquiler era costoso de conseguir, y además de caro, tal vez la compra de una vivienda podría ser una solución mejor. Al efecto y dado su escaso capital acumulado, UNO pensó en solicitar una hipoteca, que según había observado parecía ser un mero trámite. Era del dominio público que las hipotecas se otorgaban simplemente con ponerse en la cola y generalmente te facilitaban no solo la totalidad del valor de la vivienda, sino un poco más. Cosa muy bien recibida, pues resolvía los problemas de amueblamiento y equipamiento e incluso de primeras letras de un automóvil. Si el asunto salía bien, el salto cualitativo en la familia de UNO iba a ser astronómico.

La búsqueda de la deseada vivienda le proporcionó a UNO una serie de posibles oportunidades futuras que le hicieron pensar que el asunto de la vivienda bien podía convertirse en un modo complementario de mejorar sus ingresos. El API al que acudió le sorprendió con la afirmación que en un año su vivienda se vería revalorizada en un 20% en el peor de los casos. Una ganancia de un 20% sobre una inversión prácticamente cero (la dichosa hipoteca) era un margen de beneficio ciertamente goloso y muy tentador. Añadió el API como complemento para la tentación, que las viviendas se vendían como rosquillas en menos de un mes. No había pues ningún riesgo en lanzarse con una mano delante y otra detrás a la compra del pisito.

UNO entendió que no debía perder tiempo y cuanto antes se hiciera con la vivienda deseada mejor y más productiva iba a ser la operación. Así pues, se puso en manos del simpático API y optó por una oferta de una vivienda que significaba pagar mensualmente una cuota del 60% de sus ingresos durante más de 30 años. El acceso a una banca no iba a ser ningún problema, puesto que el simpático API le iba a proporcionar el contacto con la Caixa del Principat que últimamente se había mostrado muy facilitadora de créditos (y de comisiones, cosa que el simpático API lógicamente no citó).

El asunto era factible en la opinión de UNO, no así en la visión que su esposa expuso. Esta con más realismo le advirtió que con el 40% de su sueldo para vivir cinco personas no resultaría ni cómodo, ni probablemente posible. Un negocio buenísimo en la mente de UNO se estaba complicando.

La solución la encontró en el mercado, como siempre. Sus colegas le explicaron que mientras su economía se desarrollaba podía alquilar alguna habitación de su nueva vivienda y pagar con ello una buena parte de la cuota hipotecaria, con lo que el esfuerzo económico se reducía mucho y podrá laminar las discrepancias matrimoniales.

Efectivamente, resueltas las previsiones de gasto doméstico, contactada una pareja que buscaba acomodo vital, UNO se decidió a visitar, acompañado por el simpático API, la sucursal de la Caixa del Principat.

Ningún problema le dijo el agradable director de la sucursal de la Caixa del Principat. La adquisición de una vivienda mediante un crédito hipotecario era una excelente decisión y con posibilidades de grandes rendimientos patrimoniales. La Caixa del Principat podía resolver el otorgamiento del crédito en pocas semanas, simplemente reunir la documentación, contactar con los avaladores y firmar con el notario, ciertamente una persona muy simpática y dicharachera.

A UNO se le encendieron todas las alarmas: ¿avaladores? ¿Qué era eso? ¿Cómo podía reunir avales suficientes?

Su rostro generó de inmediato preocupación al simpático API y al agradable director de la agencia. Veían como la operación se podía esfumar en pocos momentos. Había que actuar rápido.

El agradable director de la sucursal tomó la palabra de inmediato: veo que los avales pueden ser un problema, pero no se preocupe, entre el simpático API y yo mismo le facilitaremos los avalistas necesarios. Simplemente usted tiene que convertirse a su vez en avalista de otros y asunto zanjado.

Un milagro, la Caixa del Principat no solo era una entidad financiera, sino que hacia milagros. De varias familias interesadas en la adquisición de vivienda sin los requisitos patrimoniales necesarios se estructuraba una cadena de avales entre ellos que resolvían ese miserable incomodo que era la capacidad financiera.

De este modo UNO conoció a DOS y a TRES. Todos ellos provenientes de Paquistán, todos ellos en situación similar. DOS era un reciente comerciante de 24 horas, con un pequeño local y un arreglo informal con un tinglado financiero poco formal. TRES era albañil, sin contrato fijo, pero con un certificado de autónomo que le habilitaba como pequeño emprendedor. Todos con familia organizada y con parientes vinculados que esperaban la vivienda en régimen de comunidad de hecho. En total, el asunto afectaba a una treintena de personas de todas las edades, sexos, oficios y limitaciones lingüísticas.

Hay que advertir a los exigentes con el realismo, que, en las múltiples conversaciones con el simpático API, el agradable director y el campechano notario era imprescindible la presencia de CUATRO en calidad de modesto traductor del castellano al urdu, ya que su estancia en Badalona durante un quinquenio lo habilitaba para ello. Al esfuerzo de CUATRO se sumaban tres de los hijos de las familias que aspiraban a hipotecarse como jóvenes auxiliares de traductor, dada su asistencia escolar y su inicial manejo práctico del castellano y del catalán.

Con todos los problemas resueltos se llegó en una mañana soleada en la que, tres familias paquistaníes, un API, un director de sucursal, cuatro traductores aficionados y un notario se reunieron en la sucursal de la Caixa del Principat para firmar tres hipotecas con dos avales cada una. UNO recibió los avales de DOS y TRES. DOS los recibió los de UNO y TRES. Y, finalmente, TRES los recibió de UNO y de DOS.

La sesión fue larga, puesto que el movimiento humano con cada firma suponía costosas aclaraciones. Hay que añadir que el campechano notario dio múltiples explicaciones en el lenguaje jurídico pertinente que, ni el traductor principal, ni los auxiliares supieron transmitir adecuadamente al urdu. Ni con la primera familia, ni con la segunda, ni siquiera con la tercera.
La sesión finalizó con el deslizamiento clandestino de un cheque al simpático API que se sumó al que obtenía paralelamente con su intermediación inmobiliaria. Con la huida vertiginosa en motocicleta del notario a celebrar nuevas firmas hipotecarias y con la celebración familiar de tres nuevos propietarios y contratistas avaladores.

Seguirá. No lo duden.



Lluís Casas, antropólogo

jueves, 16 de marzo de 2017

Historias de Badalona (1)

María no es de Badalona; de hecho, María ni siquiera vive en Badalona. María tiene su ámbito de acción en Rambla Prim, en Barcelona, a poco más de tres kilómetros de Badalona, pero María tiene la misma losa encima que muchos ciudadanos de Lloreda, de Sant Roc, del centro de Badalona y como ellos ha encontrado el apoyo de un piquete de la PAH de Badalona. Eso justifica su adscripción badalonesa e incluso el inaugurar una posible serie de relatos.

La losa de María es muy pesada, imposible de soportar, peligrosa por demás cuando se desfallece. Esa losa, la de María, es producto de la acumulación durante muchos años de errores, de falta de oportunidades, de la soledad e incluso del rechazo social. María está en proceso judicial por impago del alquiler de una vivienda que no cumple ninguna condición de verdadera habitabilidad, incluidos diversos tipos de insectos y roedores.

María es madre de un par de gemelos de unos 10 años. Es una madre sola. Según la normativa, María y sus hijos forman una familia llamada monoparental y, además, al ser tres, se la considera incluso numerosa. María no tiene prácticamente ingresos estables, todo su pecunio consiste en el fruto de pequeños trabajos ocasionales o de temporada. María no tiene ayudas públicas que merezcan tal nombre. Tal vez María no ha sido suficientemente emprendedora en ese tipo de empresa. Tampoco las administraciones han sido sensibles a las múltiples advertencias de riesgo social emitidas por María. Ni siquiera la denuncia judicial y el inicio del procedimiento de expulsión de la vivienda han sido alertas detectadas.

Como todas las historias de este mundo, la de María tiene anécdotas curiosas: en un pequeño bar de Prim (un bar eminentemente futbolero y barcelonista), Ludi, una trabajadora del cercano centro educativo tomaba su café habitual. En una mesa próxima, María explicaba su problema a otra persona. La pequeñez del bar y la proximidad de las mesas permitieron que Ludi atendiera el contenido de la conversación y en un arranque solidario se puso a disposición de María para evitar que en las próximas 24 horas ella y sus hijos fuesen echados a mitad de la calle con lo puesto.

Recuerdo perfectamente esa tarde de principio de semana santa, cuando Ludi me llamó preguntándome si podíamos hacer un piquete de Badalona en un problema social urgente de Barcelona. Sencillo, le dije. Llamaremos a Lluís, una joya Lluís. El resolverá el problema o, al menos, nos dará tiempo para maniobrar. Y así fue. Lluís puso en marcha la máquina y el desahucio se detuvo. María y el piquete ganaron unos meses para organizarse.

María es una mujer menuda, para un veterano como el que escribe, está en plena juventud, de cara redonda y sonrisa fácil. Parece sincera, no rehúye la explicación y es luchadora. ¡Cómo, si no, habría sobrevivido hasta hoy! María se apoya en una muleta reciclada a causa de un pequeño accidente. Eso la hace doblemente interesante: es una mujer armada.

María tiene además de los gemelos, una hija, ya mayorcita, que le fue sustraída por su familia (tal vez con razón en su momento). Eso para María es una herida incurable. Se le nota, hay lágrimas cuando habla de ello.

Los gemelos forman una pareja compensada, uno es el intelectual, al que le sientan bien las matemáticas básicas que corresponden a su edad. Su hermano es más bien futbolero. Un balón es su vida. No necesita mucho más. Los dos son educados, tranquilos y apoyan a su madre con toda la fuerza que unos muchachos pueden disponer. No forman una familia conflictiva, con una razonable ayuda tendrían un futuro decente.

Han pasado unos meses cuando Ludi vuelve a llamarme. ¿te acuerdas de María? Sí. Pues necesita consejo. Allá vamos. Y se abre una historia ejemplar.
María se ha hecho con la gestión de un pequeño colmado de barrio. Lo ha limpiado, adecentado y está recuperando una clientela que empieza a conocerla y a apreciarla. Se ha vuelto una mujer de negocios. Mejor, al estilo catalán, una familia de negocios, puesto que los gemelos supervisan al final de la jornada el estado de la caja y opinan como ha ido el día. Están al caso. Ayudan, Mueven paquetes, vigilan el comercio si su madre ha de desplazarse. Están en el ajo, conscientes de lo que se juegan, pienso que intuyen la posibilidad de un gran cambio.

El local es de alquiler, el anterior propietario del colmado no cumplió con el pago del alquiler, ni de la luz. La conexión de agua está cortada. María no solo ha de remontar el negocio, sino, además, regularizar la licencia, conseguir el contrato de alquiler, pagar un presunto traspaso, ponerse al día con Endesa y con Agbar. Disponer del seguro preceptivo, convertirse en trabajadora autónoma y pagar la cotización mensual.

El tamaño de la tarea es enorme para ella, pero está dispuesta. El piquete badalonés le explica los principios elementales de la administración de un pequeño negocio. Gastos fijos, beneficios brutos, facturación, costes generales, etc.

María escucha, toma nota mental. Aprende, comprende. En una tarde se hace con la pequeña complejidad de un negocio familiar, se da cuenta del volumen de ventas que necesita para que a final de mes le quede el equivalente a un sueldo familiar. Debe hablar con los servicios técnicos municipales del distrito, debe acordar con el propietario del local un nuevo contrato de alquiler, etc. etc. Además, va a exigir las ayudas que por su situación le corresponden. Pero queda, latente, a la espera, el asunto inicial: la vivienda. La posible ejecución judicial: el temor de quedarse sin cobijo. Un asunto en el que ella y su capacidad de sobrevivencia y de lucha han llegado a su límite.

Nos hacemos cargo. Necesitamos una vivienda social pública.  ¿Quién la tiene?


Lluís Casas, orgulloso de un ser humano: María.



miércoles, 15 de febrero de 2017

El Banco de ...¿España?

La interrogación añadida es una inicial respuesta prudente a una sospecha consistente.
El Banco de España con un estatuto que blinda su independencia “política” tiene unas obligaciones que se mueven en el ámbito monetario y financiero. Principalmente debe ocuparse de que el sistema bancario funcione adecuada y correctamente de acuerdo a las leyes, normativas y consideraciones técnicas financieras, entre las que se cuenta la honradez.

Esa cualidad inspectora es enormemente importante, tanto desde el punto de vista de las garantías necesarias que debe ofrecer un banco o equivalente, como de la estabilidad económica que puede desprenderse del funcionamiento financiero. La autonomía aludida pretende que el “poder” político e institucional no se inmiscuya en los deberes establecidos para el Banco. Se incluye en esa protección, el exigible aislamiento frente a los intereses del propio sector financiero.

Esa independencia, presupone desde mi punto de vista que el Banco de España no se inmiscuya, recíprocamente a su protección estatutaria, en asuntos de índole política e institucional, dado que es un organismo técnico. Estoy convencido que el Banco de España nunca ha sido consecuente con su estatuto y mucho menos con la reciprocidad señalada. La historia de consejos, y recomendaciones sobre política económica, social, etc. que el Banco, o mejor su presidente, hace periódicamente al país, a su gobierno y a sus instituciones es infinitamente larga. La recomendación última sobre la edad de jubilación y el sistema de pensiones no es más que una reiteración de lo ya dicho por el banco y/o su presidente desde hace años.

Hay que resaltar que las posiciones “técnicas” en las que se presuntamente se basan las “sabias” recomendaciones del Banco no son compartidas por todo el orbe ideológico. Hay en ellas una gran carga ideológica, política y de interés de clase evidente, cosa que convierte al Banco de España en objeto político estándar, por lo que debería modificar su estatuto y pasar por las Cortes, como mínimo.

Resulta curioso que, por otro lado, el Banco de España ha sido pillado in fraganti en el incumplimiento de sus obligaciones inspectoras y protectoras del buen funcionamiento financiero, es el caso de la salida de Bankia al mercado (a la bolsa). Caso excepcional pues ha sido la judicatura la que ha puesto en cuestión el funcionamiento del Banco a partir de ciertos informes técnicos internos que señalaban con acierto la verdadera situación de Bankia y el enorme riesgo de su salida al mercado de valores. El asunto es un misil nuclear sobre la actividad, la dirección y la honradez del Banco.

La acción judicial es en sí misma una enorme prueba del mal funcionamiento del Banco (dejó al lado el “paquete” de la Comisión nacional del Mercado de Valores, solo porque es menos dada a hacer recomendaciones). Simplemente con la confirmación de la existencia de los informes internos que señalaban los riesgos ciertos de la operación Bankia, el Banco de España debería revisarse y renovarse de arriba abajo.

Este hecho de tanta importancia, me lleva a recuperar las sospechas sobre el papel que ha jugado el Banco de España en la auto inmolación de las cajas de ahorro. Sabiendo que el banco supervisa in situ las cuentas y las normas de gestión bancarias, resulta sorprendente que los riesgos brutales que asumían las cajas en la burbuja inmobiliaria y sus variados sortilegios inversores y de apalancamiento, no fueran oportunamente puestos en evidencia y corregidos por la autoridad del Banco de España. La situación no era desconocida en absoluto para quien tuviera interés en esos asuntos, por lo que debería serlo mucho menos por quien estaba al cabo de la calle en la información detallada de cada caja.

Ese absurdo, un banco central que no se entera del gravísimo incendio bancario, no es creíble. El Banco de España lo sabía todo o casi todo. Y no hizo nada más que alentar (por acción u omisión) la profundización de los riesgos. El objetivo, pienso que está claro. La monopolización bancaria del país con la eliminación del 50% del sector en manos de las cajas (una especia de propiedad pública). Se consiguió un éxito absoluto, con unos costes brutales que el país (o un sector) pagará durante decenios.

No cito más que de pasada, como corolario, la falta de autoridad ejercida sobre los bancos y las cajas en asuntos de productos financieros, piensen en la crisis hipotecaria. Ha sido también en eso necesaria la intervención judicial, de los tribunales europeos esta vez. Una acción reiterada, puesto que ni el gobierno, ni el Banco de España se daban por aludidos.

Pienso que, si la revisión judicial de la salida a bolsa de Bankia se hace consistente, no sería absurdo ir pensando en que la acción del Banco de España antes de la crisis y después de la crisis fuese también revisada. He ahí un asunto verdaderamente importante respecto al equilibrio de poder entre la ciudadanía y los poderosos financieros.


Lluís Casas en plena iluminación.

jueves, 9 de febrero de 2017

¿Nos queda tiempo, nos dejan tiempo?

Cuando la situación política y social se extrema, las risas, burlas y frivolidades se tornan en expresiones grotescas. Es el resultado del mal cálculo, del riesgo mal valorado, de la inconsciencia de las decisiones, de la irresponsabilidad de los actos y de las opiniones. El iluso se torna de pronto en sujeto y objeto del desastre, contemplando como gastó su tiempo en la frivolidad y ahora ya no hay vuelta atrás. El manejo del conflicto es imposible pasado un cierto punto de calentura y los que se pensaban dioses se convierten en humanos torpes y culpables.

Patria, constitución, independencia son palabras cuya función primordial es ocultar. Ocultar la corrupción, ocultar las ambiciones de poder, ocultar la propia debilidad. Son armas arrojadizas muy dañinas puesto que hacen imposible la reflexión racional y ponen la invención, el sueño romántico como constructores de futuro. Son señuelos para poder eliminar cualquier pregunta reflexiva, prudente y precavida.

El conflicto entre Catalunya y el Estado ha dejado atrás la frivolidad y está metido de lleno en la deriva del disturbio grave o muy grave, en donde las alegres opiniones se congelan ya en expresiones de espanto por poca prudencia que se posea.

Las abundantes explicaciones sobre el choque de trenes como algo inevitable deberían dejar sitio a la evaluación sobre el tipo, el número y la gravedad de los accidentados. Se debería incluir a los accidentados voluntarios y a los que por deseo de otros también sufrirán daños en el accidente. Las imágenes de un accidente ferroviario son solo una pequeña aproximación de lo que la realidad de semejante choque comporta. Se juega con una imagen para no descender al infierno que se evoca.

Ítaca es otra imagen utilizada. El Odiseo que retorna a casa para volver disponer de esposa, hijos, bienes y perro dejados atrás es otra imagen deformante. Quien la utilizó, Artur Mas, no cayó en la cuenta de que Odiseo volvió solo a casa, nadie más pudo acompañarlo. Todos los que en su día emprendieron la aventura quedaron por el camino, sin esposa, hijo, bienes, ni perro. Sin posibilidad de echar de su casa a los ocupantes. Sin medio de tensar el arco y ultimar venganza.

La tortilla y los huevos que hay que romper para cocinarla también es una imagen utilizada. Responde a una verdad como un templo, pero una verdad a medias. Conseguir una tortilla implica no solo romper huevos, sino evitar que te caigan al suelo. En ese caso, hay huevos rotos sin tortilla que los justifique.

Mejor nos iría si las imágenes que debemos citar como hipotéticas posibilidades fueran las de los años de hierro de Euskadi, del desastre balcánico, las de una Ucrania liberada por la corrupción y otras muchas recientes y calientes.


Alguien dirá que exagero, porque esto aquí y ahora no puede pasar. Tal vez tengan razón. ¡ojalá tengan razón!, pero no olvidemos que en 1914 una Europa con 50 años de paz se transformó de un holocausto en un mes. Nadie de los que administraban los tiempos del conflicto lo deseaba y en cuestión de pocas semanas todos estaban en los frentes, con los famosos cañones de agosto.

viernes, 13 de enero de 2017

Dolores de jubilación

Me sorprende la fuerte tendencia que observo en aplicar criterios de progresividad a los sistemas de bienestar social, como salud, educación, pensiones, servicios sociales, etc.

Me explico: de unos años a esta parte numerosos políticos, expertos, periodistas, comentaristas sobre el mundo en general, etc.  arguyen que la disposición de rentas por encima de la media (media puede ser casi cualquier cosa) implica mecanismos de copago en la utilización de determinados servicios públicos. De hecho, una cierta variedad de servicios ya tiene mecanismos ad hoc en funcionamiento. El ejemplo último de ello lo aporta Dolors Montserrat, ministra de la salud, con espectacular desmentido. Joven ella, que puede inaugurar el Ministerio de la Palabrería.

La dicha ministra alude a la necesidad que los jubilados que disfrutan de rentas por encima de los 18.000 euros anuales aporten un mayor copago en el consumo de medicamentos. La ministra lo dice con el convencimiento y el argumento que quien tiene más, pague más. Una sorprendente deriva en el PP, dado que en cuanto a impuestos no opinan lo mismo. En la prensa, como sucede a menudo, se confunde pensión con ingresos y la cosa se hincha como el globo sonda que es.

Alguno puede pensar que eso es cosa de derechas, pero si piensa así se equivoca. ¡El ultra liberalismo se infiltra cómodamente en el pensamiento socialista y, OJO!, en los que se sitúan fuera de la casta. No es extraño oír en asambleas alternativas la creencia que en cuanto uno cobra, sea nómina o pensión ya es un privilegiado que debe expulsarse del ámbito de las prestaciones. Argumento que proviene directamente del escaso pensamiento de las patronales y sus insustanciales equipamientos de sociología.

La sorpresa insinuada por la ministra, adolece de complemento imprescindible para quien quiera entender el asunto y para ello apunto lo siguiente: Si bien ya resulta habitual esa pretensión reformista de las prestaciones sociales, nadie arguye que, en materia de carreteras, aviones, autopistas, etc. se aplique el mismo pensamiento onanista. Y, la verdad, es que no entiendo por qué he de pagar más, o, preciso, progresivamente más, por la aspirina y no por el uso de la autovía a Lleida. O, si nos ponemos románticos, con el tren que me llevará a visitar en un futuro próximo a mi nieta en Bilbao. No olvidemos que casi todo el sistema de transporte forma parte de la economía subvencionada.

Tampoco los proponentes de la progresividad en el uso de las prestaciones públicas dicen nada de aplicarlo a la alimentación, obviamente una necesidad indiscutible hasta hoy día y perfectamente adaptable a los criterios de renta con el uso de las tarjetas de pago. Tal vez porque ahí ya tienen el negocio montado.

En definitiva, se trataría, si llegamos consecuentemente al final del argumento, a pagar progresivamente por los bienes y servicios y a no pagar impuestos sobre las rentas, beneficios y patrimonio. Una sociedad justa basada en la tarjeta de pago con indicación de la renta y el porcentaje de copago exigible. Una propuesta que debería incorporar Extremadura al asunto de la subvención por compra de muebles, bienes que por descontado son de primerísima necesidad.

¿Dónde está el truco en esas propuestas y, no lo olvidemos, en sus aplicaciones?

En primer lugar, una parte del truco consiste en no entender que las prestaciones, el sistema de bienestar social es un derecho aplicable a todos, independientemente de su riqueza o de cualquier otra consideración segregacionista. Ese derecho global es la mejor defensa frente a los que propugnan una sociedad dual, los ricos se lo pagan todo con seguros y redes privadas y no pagan impuestos y los pobres ya se espabilan con “cap nen sense jogina” y similares.

En segundo lugar, la calidad y la exigencia de buen funcionamiento de una prestación pública viene determinada por el uso colectivo de ella, resintiéndose siempre cuando se aplica selectivamente. Una parte de la población se desentiende de ese servicio, considerando que quien tiene derecho a usarlo ya se apañará.

En síntesis, un sistema de prestaciones públicas no universal tiende a segregar y a producir diferencias de clase insalvables y a desplazarse desde el derecho a la caridad.

Me pregunto si la ministra Montserrat lo sabe.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Otra vez la vivienda: ¡Ya lo decía yo!

Permítanme que el mismo día (22/12/2016) que el Parlament de Catalunya debate una vez más una ley aplicada a la vivienda (y ya van muchas sin resultados constatables), que en El País aparece un excelente artículo sobre ello a propósito de Barcelona (“Claves del post modelo Barcelona”. Josep María Montaner), que en el congreso madrileño aparece una propuesta contra la mendicidad energética por parte de los generadores de la mendicidad energética en los últimos 10 años y que en muchos medios se celebre la buena nueva del golpetazo por parte de los tribunales de la UE a propósito de los contratos hipotecarios y sus habituales clausulas fraudulentas (menos mal que existen) sobre la banca asalta caminos española y sus delegados en el gobierno y en los tribunales indígenas, me revuelva y haga como los jubilados de todo el mundo y de todo tiempo y exclame: ¡Ya lo decía yo!

Si el ilustre próximo premio Nobel  de literatura sindical, nuestro bien amado boss, permite una transgresión de los mandamientos periodísticos y acepta volver a publicar un artículo del año 2006, entenderán que, a pesar de la desviación habitual en la memoria de los jubilados, la exclamación anterior es cierta. Les ruego se armen de paciencia, se retrotraigan al maravilloso 2006 en donde los perros se ataban, no con longanizas, sino con Porsches  Cayenne, lean lo que sigue y vuelvan a la realidad de diez años después. Solo han pasado diez años y una crisis monumental.

(Hagamos caso de la petición de don Lluis. El artículo que refiere lo encontrará clicando en TODO DON LLUIS CASAS: EL SUBMUNDO INMOBILIARIO. Nota de Metiendo bulla)


Si han llegado hasta aquí vivos y atentos podrán continuar con la lectura, ahora sí, en la realidad de hoy.

Esos diez años tan rápida y costosamente evaporados han situado al que escribe en un ámbito totalmente distinto, desde el trabajo remunerado a la pensión, desde el ejercicio de la función pública gubernamental a la acción de voluntariado en la PAH. Lo dejo aquí, puesto que lo que resta es privado. Esos cambios no han hecho que fortalecer la opinión expresada en 2006 y reforzarla con la experiencia dolorosa de una crisis inmobiliaria y financiera que percibía en aquel año y que se desencadenó dos años después.

Cualquier analista político le costaría entender cómo es posible que un país caiga de vez en cuando en crisis de precios y de mercado en un sector tan perfectamente programable como el de la vivienda.
No tiene sentido económico (cada crisis se lleva empresas, beneficios acumulados, proyectos en diversas fases de ejecución, políticos de coro plazo, gobernantes del día a día e impagados financieros que convulsionan la banca), no tiene sentido social, puesto que una crisis habitacional y financiera genera unos costes muy difíciles de diluir y de absorber y deja siempre un enorme coste social permanente.

Imaginen ustedes que la red de carreteras tuviera cada 10 años una crisis consistente en su auto destrucción súbita con miles de víctimas y la destrucción de las comunicaciones por carretera. Sería inevitable que se produjera una reacción política y técnica para acabar con ello.

Eso es lo que le sucede a la vivienda, pero sin reacción pública y técnica eficiente. Con reacciones absurdas, cortas de mira, parcheado de los destrozos y vuelta a empezar.

Lo que parece un castigo bíblico no lo es en absoluto, según mi parecer la vivienda en España funciona bajo el criterio de ser un mecanismo de absorción de rentas por parte de la milenaria casta inmobiliaria-financiera, al modo de un impuesto arbitrario sobre las rentas del trabajo. La vivienda está secuestrada en España por un modelo de gobierno especulador que encuentra en la promoción, construcción y venta de ese producto imprescindible el más fácil sistema de plus valúas inmerecidas.

Se habla de mercado, no hay tal. No lo hay puesto que la relación entre necesidad y coste se halla capturada por un afán de beneficio imposible de mantener. Se dice que es mejor la vivienda propia que la alquilada. Verdad que solo lo es cuando el precio del alquiler (si existe esa oferta) absorbe una parte substancial de los ingresos familiares (se dice que el máximo coste de la vivienda debe rondar el máximo del 30% de los ingresos familiares), desplazando los gastos necesarios de otros bienes como la cultura, la buena alimentación, las vacaciones, etc. Las familias trabajan para pagar la vivienda.

El estoc de vivienda pública de alquiler es ridículo en nuestro país, tal vez un porcentaje del 2% del mercado. Esa vivienda pública es la única forma de regular el mercado. Sin ella no hay forma de hacer coincidir la necesidad de la vivienda con el coste proporcional.

 Si eso es así, y lo es, la única forma de llegar a resolver realmente las crisis cíclicas de la vivienda es una política consistente de construcción de vivienda pública de alquiler. Una política que necesita tiempo para rehacer el estoc y acercarlo a la necesidad. Algunos arguyen que no hay recursos para ello. Absurdo, las crisis se llevan muchos más recursos que una inversión y gestión de la vivienda pública.

La crisis, sorprendentemente, ofreció a los políticos al mando una oportunidad histórica para hacer un estoc de vivienda pública con una gestión parlamentaria y gubernativa inmediata: hacerse con una parte substancial de la vivienda en manso bancarias y con la totalidad (o casi) de las que ya están en manos públicas en la Sareb. Eso hubiera sido una revolución prácticamente sin costes, ni siquiera colaterales.

La autoridad gubernativa no ha utilizado esa oportunidad, mi opinión es más favorable a que a la miopía habitual del gobernante solo es la parte diminuta de la explicación. La parte explicativa importante ha sido que no se ha querido reformar el sector para mantenerlo como hasta ahora en manos de la especulación y de la fábrica de beneficios fáciles.

Esta historia tiene un origen, un desarrollo y unas expectativas más bien desgraciadas. Ni siquiera la llegada al poder de mentes alternativas y muy vinculadas a la agitación en favor de que la vivienda sea considerada políticamente como lo que es: una necesidad constatada en la misma Constitución (y nunca desarrollada), ha introducido cambios que signifiquen algún cambio de rumbo. Se está trabajando en moderar la velocidad, ajustar en consumo de los motores y en poner de acuerdo al capitán con la tripulación.

Termino al mismo tiempo que el Parlament de Catalunya aprueba la enésima ley de la vivienda.

Lluís Casas, Alcalde de Parapanda



domingo, 15 de mayo de 2016

No existe el bien (y 2)

Les considero enterados del comentario anterior sobre un caso paradigmático de desalojo en Badalona (1). Pues bien, continúo con ello puesto que a instancias de La PAH de Badalona y Catalunya Sí que Es Pot, se ha visto este miércoles una moción parlamentaria sobre esa cruel problemática.

No voy a exponerles el debate entre Lluís Rabell y la consejera del ramo, doña Meritxell Borrás. Ahí están las actas y las filmaciones para los curiosos recalcitrantes, son en total unos treinta minutos de exposición y réplicas (2). Lo que considero importante para su conocimiento y efectos oportunos es el análisis de las actitudes frente a un problema, obviamente político, pero de trascendencia humana impactante.

La moción presentada se vio acompañada por la presencia en la tribuna de invitados del Parlament de la familia afectada en pleno, padre, madre y los dos hijos de 5 y 4 años, acompañados por tres miembros de la PAH badalonesa. Añado que, en el exterior, de acuerdo con los usos y costumbres habituales, estaban un buen grupo de afectados de Badalona dando ánimos presenciales. Que es lo que corresponde.

Esa presencia testimonial se consideró necesaria a los efectos de resaltar que el debate parlamentario, que la discusión política, que el tratamiento jurídico y presupuestario tienen otra cara en la calle. Una cara compuesta por personas que sufren y a las que el tiempo de respuesta les supone un coste elevadísimo en términos psicológicos y de relación familiar y social. Una forma de ver la política con gafas de aproximación.

Pues bien, el diputado Rabell resaltó esa presencia como elemento imprescindible para dar al problema una visión de emergencia y evitar la retórica al uso en el debate parlamentario.

La respuesta de la consejera fue demoledora: no miró ni una sola vez a los afectados sentados frente a ella en la tribuna y eso que hizo dos largas intervenciones. No citó el caso concreto que llevó a Rabell a proponer la moción y no lo hizo, no por mor de ser particularista, sino simplemente porque la víctima concreta no le interesa. Su escasa empatía, ya sabida en el Parlament, quedó demostrada y en evidencia. Una persona que tiene bajo su responsabilidad la vivienda y el tremendo problema de familias expulsadas de casa y miles de casas sin familia, demostró que se maneja más o menos bien con números y letras, pero con realidades y personas no da la talla de ninguna manera. Mientras la Borrás escupía, el consejero Comín, se supone, reflexionaba, arendtianamente sobre la condición humana.

Comentando la sesión después razonamos que no era una cuestión de defensa gubernativa la actitud de la consejera. El parlamentario Rabell no usó agresividad alguna con el gobierno para la independencia, ni siquiera fue excesivamente crítico con las políticas al efecto. Hizo propuestas, cito problemas, falta de coordinación, insuficiencia de medios, enumeró medidas de bajo coste como ponerse de acuerdo con jueces, abogados, policías, administraciones, etc. para rebajar rápidamente el coste familiar de esos asuntos. En fin, daba pie a que la consejera aceptase que la situación era mejorable desde muchos puntos de vista y se remangase a ello, sin necesidad de sentirse acusada de magnicidio.

Explicado eso, les cito a reflexionar sobre las cualidades que demandamos a los políticos representantes de la ciudadanía. Queremos que no haya corruptos, pero nunca se habla de su humanidad, de su capacidad para entender las cuestiones más allá de la abstracción de las categorías sociológicas o económicas. Pienso, puesto que dejé de creer hace ya muchos años, que la solidez de carácter, las convicciones personales y la capacidad de generar actos buenos son mucho más importantes.

Si los gobiernos y los parlamentos tuviesen filtros, ese el de la empatía, el de la comprensión humana y personalizada de los problemas debería ser el primero y, tal vez, el principal. No por ello, lo reconozco, evitaríamos el gobierno en la sombra de los mercados y la aplicación de la mayoría parlamentaria a leyes en beneficio de los más poderosos. Eso es otra cuestión. Pero rebajaríamos el dolor existente.

Es lo que pedimos a la UE sobre la migración. ¿O no? Ustedes dirán.

Lluís Casas en un bajón.