jueves, 9 de febrero de 2017

¿Nos queda tiempo, nos dejan tiempo?

Cuando la situación política y social se extrema, las risas, burlas y frivolidades se tornan en expresiones grotescas. Es el resultado del mal cálculo, del riesgo mal valorado, de la inconsciencia de las decisiones, de la irresponsabilidad de los actos y de las opiniones. El iluso se torna de pronto en sujeto y objeto del desastre, contemplando como gastó su tiempo en la frivolidad y ahora ya no hay vuelta atrás. El manejo del conflicto es imposible pasado un cierto punto de calentura y los que se pensaban dioses se convierten en humanos torpes y culpables.

Patria, constitución, independencia son palabras cuya función primordial es ocultar. Ocultar la corrupción, ocultar las ambiciones de poder, ocultar la propia debilidad. Son armas arrojadizas muy dañinas puesto que hacen imposible la reflexión racional y ponen la invención, el sueño romántico como constructores de futuro. Son señuelos para poder eliminar cualquier pregunta reflexiva, prudente y precavida.

El conflicto entre Catalunya y el Estado ha dejado atrás la frivolidad y está metido de lleno en la deriva del disturbio grave o muy grave, en donde las alegres opiniones se congelan ya en expresiones de espanto por poca prudencia que se posea.

Las abundantes explicaciones sobre el choque de trenes como algo inevitable deberían dejar sitio a la evaluación sobre el tipo, el número y la gravedad de los accidentados. Se debería incluir a los accidentados voluntarios y a los que por deseo de otros también sufrirán daños en el accidente. Las imágenes de un accidente ferroviario son solo una pequeña aproximación de lo que la realidad de semejante choque comporta. Se juega con una imagen para no descender al infierno que se evoca.

Ítaca es otra imagen utilizada. El Odiseo que retorna a casa para volver disponer de esposa, hijos, bienes y perro dejados atrás es otra imagen deformante. Quien la utilizó, Artur Mas, no cayó en la cuenta de que Odiseo volvió solo a casa, nadie más pudo acompañarlo. Todos los que en su día emprendieron la aventura quedaron por el camino, sin esposa, hijo, bienes, ni perro. Sin posibilidad de echar de su casa a los ocupantes. Sin medio de tensar el arco y ultimar venganza.

La tortilla y los huevos que hay que romper para cocinarla también es una imagen utilizada. Responde a una verdad como un templo, pero una verdad a medias. Conseguir una tortilla implica no solo romper huevos, sino evitar que te caigan al suelo. En ese caso, hay huevos rotos sin tortilla que los justifique.

Mejor nos iría si las imágenes que debemos citar como hipotéticas posibilidades fueran las de los años de hierro de Euskadi, del desastre balcánico, las de una Ucrania liberada por la corrupción y otras muchas recientes y calientes.


Alguien dirá que exagero, porque esto aquí y ahora no puede pasar. Tal vez tengan razón. ¡ojalá tengan razón!, pero no olvidemos que en 1914 una Europa con 50 años de paz se transformó de un holocausto en un mes. Nadie de los que administraban los tiempos del conflicto lo deseaba y en cuestión de pocas semanas todos estaban en los frentes, con los famosos cañones de agosto.

viernes, 13 de enero de 2017

Dolores de jubilación

Me sorprende la fuerte tendencia que observo en aplicar criterios de progresividad a los sistemas de bienestar social, como salud, educación, pensiones, servicios sociales, etc.

Me explico: de unos años a esta parte numerosos políticos, expertos, periodistas, comentaristas sobre el mundo en general, etc.  arguyen que la disposición de rentas por encima de la media (media puede ser casi cualquier cosa) implica mecanismos de copago en la utilización de determinados servicios públicos. De hecho, una cierta variedad de servicios ya tiene mecanismos ad hoc en funcionamiento. El ejemplo último de ello lo aporta Dolors Montserrat, ministra de la salud, con espectacular desmentido. Joven ella, que puede inaugurar el Ministerio de la Palabrería.

La dicha ministra alude a la necesidad que los jubilados que disfrutan de rentas por encima de los 18.000 euros anuales aporten un mayor copago en el consumo de medicamentos. La ministra lo dice con el convencimiento y el argumento que quien tiene más, pague más. Una sorprendente deriva en el PP, dado que en cuanto a impuestos no opinan lo mismo. En la prensa, como sucede a menudo, se confunde pensión con ingresos y la cosa se hincha como el globo sonda que es.

Alguno puede pensar que eso es cosa de derechas, pero si piensa así se equivoca. ¡El ultra liberalismo se infiltra cómodamente en el pensamiento socialista y, OJO!, en los que se sitúan fuera de la casta. No es extraño oír en asambleas alternativas la creencia que en cuanto uno cobra, sea nómina o pensión ya es un privilegiado que debe expulsarse del ámbito de las prestaciones. Argumento que proviene directamente del escaso pensamiento de las patronales y sus insustanciales equipamientos de sociología.

La sorpresa insinuada por la ministra, adolece de complemento imprescindible para quien quiera entender el asunto y para ello apunto lo siguiente: Si bien ya resulta habitual esa pretensión reformista de las prestaciones sociales, nadie arguye que, en materia de carreteras, aviones, autopistas, etc. se aplique el mismo pensamiento onanista. Y, la verdad, es que no entiendo por qué he de pagar más, o, preciso, progresivamente más, por la aspirina y no por el uso de la autovía a Lleida. O, si nos ponemos románticos, con el tren que me llevará a visitar en un futuro próximo a mi nieta en Bilbao. No olvidemos que casi todo el sistema de transporte forma parte de la economía subvencionada.

Tampoco los proponentes de la progresividad en el uso de las prestaciones públicas dicen nada de aplicarlo a la alimentación, obviamente una necesidad indiscutible hasta hoy día y perfectamente adaptable a los criterios de renta con el uso de las tarjetas de pago. Tal vez porque ahí ya tienen el negocio montado.

En definitiva, se trataría, si llegamos consecuentemente al final del argumento, a pagar progresivamente por los bienes y servicios y a no pagar impuestos sobre las rentas, beneficios y patrimonio. Una sociedad justa basada en la tarjeta de pago con indicación de la renta y el porcentaje de copago exigible. Una propuesta que debería incorporar Extremadura al asunto de la subvención por compra de muebles, bienes que por descontado son de primerísima necesidad.

¿Dónde está el truco en esas propuestas y, no lo olvidemos, en sus aplicaciones?

En primer lugar, una parte del truco consiste en no entender que las prestaciones, el sistema de bienestar social es un derecho aplicable a todos, independientemente de su riqueza o de cualquier otra consideración segregacionista. Ese derecho global es la mejor defensa frente a los que propugnan una sociedad dual, los ricos se lo pagan todo con seguros y redes privadas y no pagan impuestos y los pobres ya se espabilan con “cap nen sense jogina” y similares.

En segundo lugar, la calidad y la exigencia de buen funcionamiento de una prestación pública viene determinada por el uso colectivo de ella, resintiéndose siempre cuando se aplica selectivamente. Una parte de la población se desentiende de ese servicio, considerando que quien tiene derecho a usarlo ya se apañará.

En síntesis, un sistema de prestaciones públicas no universal tiende a segregar y a producir diferencias de clase insalvables y a desplazarse desde el derecho a la caridad.

Me pregunto si la ministra Montserrat lo sabe.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Otra vez la vivienda: ¡Ya lo decía yo!

Permítanme que el mismo día (22/12/2016) que el Parlament de Catalunya debate una vez más una ley aplicada a la vivienda (y ya van muchas sin resultados constatables), que en El País aparece un excelente artículo sobre ello a propósito de Barcelona (“Claves del post modelo Barcelona”. Josep María Montaner), que en el congreso madrileño aparece una propuesta contra la mendicidad energética por parte de los generadores de la mendicidad energética en los últimos 10 años y que en muchos medios se celebre la buena nueva del golpetazo por parte de los tribunales de la UE a propósito de los contratos hipotecarios y sus habituales clausulas fraudulentas (menos mal que existen) sobre la banca asalta caminos española y sus delegados en el gobierno y en los tribunales indígenas, me revuelva y haga como los jubilados de todo el mundo y de todo tiempo y exclame: ¡Ya lo decía yo!

Si el ilustre próximo premio Nobel  de literatura sindical, nuestro bien amado boss, permite una transgresión de los mandamientos periodísticos y acepta volver a publicar un artículo del año 2006, entenderán que, a pesar de la desviación habitual en la memoria de los jubilados, la exclamación anterior es cierta. Les ruego se armen de paciencia, se retrotraigan al maravilloso 2006 en donde los perros se ataban, no con longanizas, sino con Porsches  Cayenne, lean lo que sigue y vuelvan a la realidad de diez años después. Solo han pasado diez años y una crisis monumental.

(Hagamos caso de la petición de don Lluis. El artículo que refiere lo encontrará clicando en TODO DON LLUIS CASAS: EL SUBMUNDO INMOBILIARIO. Nota de Metiendo bulla)


Si han llegado hasta aquí vivos y atentos podrán continuar con la lectura, ahora sí, en la realidad de hoy.

Esos diez años tan rápida y costosamente evaporados han situado al que escribe en un ámbito totalmente distinto, desde el trabajo remunerado a la pensión, desde el ejercicio de la función pública gubernamental a la acción de voluntariado en la PAH. Lo dejo aquí, puesto que lo que resta es privado. Esos cambios no han hecho que fortalecer la opinión expresada en 2006 y reforzarla con la experiencia dolorosa de una crisis inmobiliaria y financiera que percibía en aquel año y que se desencadenó dos años después.

Cualquier analista político le costaría entender cómo es posible que un país caiga de vez en cuando en crisis de precios y de mercado en un sector tan perfectamente programable como el de la vivienda.
No tiene sentido económico (cada crisis se lleva empresas, beneficios acumulados, proyectos en diversas fases de ejecución, políticos de coro plazo, gobernantes del día a día e impagados financieros que convulsionan la banca), no tiene sentido social, puesto que una crisis habitacional y financiera genera unos costes muy difíciles de diluir y de absorber y deja siempre un enorme coste social permanente.

Imaginen ustedes que la red de carreteras tuviera cada 10 años una crisis consistente en su auto destrucción súbita con miles de víctimas y la destrucción de las comunicaciones por carretera. Sería inevitable que se produjera una reacción política y técnica para acabar con ello.

Eso es lo que le sucede a la vivienda, pero sin reacción pública y técnica eficiente. Con reacciones absurdas, cortas de mira, parcheado de los destrozos y vuelta a empezar.

Lo que parece un castigo bíblico no lo es en absoluto, según mi parecer la vivienda en España funciona bajo el criterio de ser un mecanismo de absorción de rentas por parte de la milenaria casta inmobiliaria-financiera, al modo de un impuesto arbitrario sobre las rentas del trabajo. La vivienda está secuestrada en España por un modelo de gobierno especulador que encuentra en la promoción, construcción y venta de ese producto imprescindible el más fácil sistema de plus valúas inmerecidas.

Se habla de mercado, no hay tal. No lo hay puesto que la relación entre necesidad y coste se halla capturada por un afán de beneficio imposible de mantener. Se dice que es mejor la vivienda propia que la alquilada. Verdad que solo lo es cuando el precio del alquiler (si existe esa oferta) absorbe una parte substancial de los ingresos familiares (se dice que el máximo coste de la vivienda debe rondar el máximo del 30% de los ingresos familiares), desplazando los gastos necesarios de otros bienes como la cultura, la buena alimentación, las vacaciones, etc. Las familias trabajan para pagar la vivienda.

El estoc de vivienda pública de alquiler es ridículo en nuestro país, tal vez un porcentaje del 2% del mercado. Esa vivienda pública es la única forma de regular el mercado. Sin ella no hay forma de hacer coincidir la necesidad de la vivienda con el coste proporcional.

 Si eso es así, y lo es, la única forma de llegar a resolver realmente las crisis cíclicas de la vivienda es una política consistente de construcción de vivienda pública de alquiler. Una política que necesita tiempo para rehacer el estoc y acercarlo a la necesidad. Algunos arguyen que no hay recursos para ello. Absurdo, las crisis se llevan muchos más recursos que una inversión y gestión de la vivienda pública.

La crisis, sorprendentemente, ofreció a los políticos al mando una oportunidad histórica para hacer un estoc de vivienda pública con una gestión parlamentaria y gubernativa inmediata: hacerse con una parte substancial de la vivienda en manso bancarias y con la totalidad (o casi) de las que ya están en manos públicas en la Sareb. Eso hubiera sido una revolución prácticamente sin costes, ni siquiera colaterales.

La autoridad gubernativa no ha utilizado esa oportunidad, mi opinión es más favorable a que a la miopía habitual del gobernante solo es la parte diminuta de la explicación. La parte explicativa importante ha sido que no se ha querido reformar el sector para mantenerlo como hasta ahora en manos de la especulación y de la fábrica de beneficios fáciles.

Esta historia tiene un origen, un desarrollo y unas expectativas más bien desgraciadas. Ni siquiera la llegada al poder de mentes alternativas y muy vinculadas a la agitación en favor de que la vivienda sea considerada políticamente como lo que es: una necesidad constatada en la misma Constitución (y nunca desarrollada), ha introducido cambios que signifiquen algún cambio de rumbo. Se está trabajando en moderar la velocidad, ajustar en consumo de los motores y en poner de acuerdo al capitán con la tripulación.

Termino al mismo tiempo que el Parlament de Catalunya aprueba la enésima ley de la vivienda.

Lluís Casas, Alcalde de Parapanda



domingo, 15 de mayo de 2016

No existe el bien (y 2)

Les considero enterados del comentario anterior sobre un caso paradigmático de desalojo en Badalona (1). Pues bien, continúo con ello puesto que a instancias de La PAH de Badalona y Catalunya Sí que Es Pot, se ha visto este miércoles una moción parlamentaria sobre esa cruel problemática.

No voy a exponerles el debate entre Lluís Rabell y la consejera del ramo, doña Meritxell Borrás. Ahí están las actas y las filmaciones para los curiosos recalcitrantes, son en total unos treinta minutos de exposición y réplicas (2). Lo que considero importante para su conocimiento y efectos oportunos es el análisis de las actitudes frente a un problema, obviamente político, pero de trascendencia humana impactante.

La moción presentada se vio acompañada por la presencia en la tribuna de invitados del Parlament de la familia afectada en pleno, padre, madre y los dos hijos de 5 y 4 años, acompañados por tres miembros de la PAH badalonesa. Añado que, en el exterior, de acuerdo con los usos y costumbres habituales, estaban un buen grupo de afectados de Badalona dando ánimos presenciales. Que es lo que corresponde.

Esa presencia testimonial se consideró necesaria a los efectos de resaltar que el debate parlamentario, que la discusión política, que el tratamiento jurídico y presupuestario tienen otra cara en la calle. Una cara compuesta por personas que sufren y a las que el tiempo de respuesta les supone un coste elevadísimo en términos psicológicos y de relación familiar y social. Una forma de ver la política con gafas de aproximación.

Pues bien, el diputado Rabell resaltó esa presencia como elemento imprescindible para dar al problema una visión de emergencia y evitar la retórica al uso en el debate parlamentario.

La respuesta de la consejera fue demoledora: no miró ni una sola vez a los afectados sentados frente a ella en la tribuna y eso que hizo dos largas intervenciones. No citó el caso concreto que llevó a Rabell a proponer la moción y no lo hizo, no por mor de ser particularista, sino simplemente porque la víctima concreta no le interesa. Su escasa empatía, ya sabida en el Parlament, quedó demostrada y en evidencia. Una persona que tiene bajo su responsabilidad la vivienda y el tremendo problema de familias expulsadas de casa y miles de casas sin familia, demostró que se maneja más o menos bien con números y letras, pero con realidades y personas no da la talla de ninguna manera. Mientras la Borrás escupía, el consejero Comín, se supone, reflexionaba, arendtianamente sobre la condición humana.

Comentando la sesión después razonamos que no era una cuestión de defensa gubernativa la actitud de la consejera. El parlamentario Rabell no usó agresividad alguna con el gobierno para la independencia, ni siquiera fue excesivamente crítico con las políticas al efecto. Hizo propuestas, cito problemas, falta de coordinación, insuficiencia de medios, enumeró medidas de bajo coste como ponerse de acuerdo con jueces, abogados, policías, administraciones, etc. para rebajar rápidamente el coste familiar de esos asuntos. En fin, daba pie a que la consejera aceptase que la situación era mejorable desde muchos puntos de vista y se remangase a ello, sin necesidad de sentirse acusada de magnicidio.

Explicado eso, les cito a reflexionar sobre las cualidades que demandamos a los políticos representantes de la ciudadanía. Queremos que no haya corruptos, pero nunca se habla de su humanidad, de su capacidad para entender las cuestiones más allá de la abstracción de las categorías sociológicas o económicas. Pienso, puesto que dejé de creer hace ya muchos años, que la solidez de carácter, las convicciones personales y la capacidad de generar actos buenos son mucho más importantes.

Si los gobiernos y los parlamentos tuviesen filtros, ese el de la empatía, el de la comprensión humana y personalizada de los problemas debería ser el primero y, tal vez, el principal. No por ello, lo reconozco, evitaríamos el gobierno en la sombra de los mercados y la aplicación de la mayoría parlamentaria a leyes en beneficio de los más poderosos. Eso es otra cuestión. Pero rebajaríamos el dolor existente.

Es lo que pedimos a la UE sobre la migración. ¿O no? Ustedes dirán.

Lluís Casas en un bajón. 




sábado, 14 de mayo de 2016

NO EXISTE EL BIEN, SOLO LA BONDAD: Valeri Grossman




Les adjunto a continuación un “resumen de gestión” del desahucio que se produjo en Badalona hace dos días. El informe lo realiza un miembro de la PAH para su utilización como testimonio de los hechos y para repensar las actuaciones en defensa del derecho a la vivienda.

Como verán la actuación de la PAH badalonesa no solo es como agitadora social, sino como constatadora de la realidad y de apoyo personal.

Me he permitido ciertos cambios en relación a los nombres de los afectados y otros detalles que no son necesarios para divulgar el estado de las cosas reales. Tampoco añadiré muchos comentarios, solo, al final, aquellos que creo imprescindibles.
Dejo a la consideración de los lectores la reflexión profunda y la extensión del testimonio, que insisto tiene el valor presencial y la autoría de quien día a día negocia caso a caso (hasta ahora con éxito) una solución que incluya el mantenimiento de la vivienda familiar. Un derecho, que dicen, está en la Constitución. Esa cosa inamovible (dicen unos), pero inaplicable por falta de voluntad gubernativa.



“BREVE RESUMEN DEL DESHACIO DE AYER DE M. P. Y FAMILIA

Desahucio en calle XXXX de Badalona M., su esposa y dos hijos de 5 y 4 años.

Este desahucio ya se paró una vez con acción en la calle a primeros de abril, impidiendo la entrada de la comisión judicial, que tenía orden de efectuarlo por solicitud de IMP3 Fondo de Titulación hipotecaria.

Ya ese día (en Abril), las formas de la comisión judicial fueron las peores que yo he visto en todos estos años, con saña manifiesta. No quisieron dar el acta como es habitual, marcando una nueva fecha que diese oportunidad a negociar un arreglo y, sobre todo, a localizar una vivienda alternativa.
Al día siguiente J.A.A. y el afectado M. fueron al juzgado a pedir el acta, que no les fue entregada. El mismo día acompañamos a M. a Serveis Socials de Sant Roc y pasamos su caso al Ayuntamiento, para incluirlo entre las necesidades urgentes de vivienda, al tener claro que el desahucio se acabaría produciendo por la voluntad del banco Popular. También pasamos el caso a Ofideute(Generalitat) facilitando tanto el teléfono del afectado, como el del contacto en Banco Popular.

Durante este tiempo no nos consta que se haya producido comunicación alguna por parte de procurador y abogado, ni de Ofideute.
La comisión judicial, afirma tener todas las comunicaciones realizadas en forma, lo que hace pensar que se comunicó al procurador. Del abogado (correspondiente al procedimiento de justicia gratuita) no nos consta comunicación ya que no responde al teléfono, ni al correo electrónico desde ayer. El banco Popular afirma que realizó la mediación a través de J.P., mediador de Ofideute en la Agencia Catalana de Habitatge (Generalitat).

Anteayer a las 13,15 estando en el Local de la PAH de Badalona, recibimos llamada de M. avisándonos que los Mossos de Escuadra estaban en su casa y les iban a desalojar. Los que estábamos todavía en el local nos dirigimos a la calle XXXX, donde presenciamos probablemente el momento más desagradable desde que estamos en la PAH.

Intentamos mediar, pero la comisión judicial se negó en redondo a dar ningún margen de tiempo y obligó a la familia a marcharse con lo que pudimos ayudar a sacar de la vivienda.
El trato de la comisión y de uno de los mossos fue denigrante y claramente racista con expresiones del tipo “¿Qué nos dices que en tu país te hubieran tratado mejor?”, “¡Si no me hablas en español no te entiendo!”, comentario policial ante las evidentes dificultades de Mohammed de expresarse y el miedo a que se llevaran a sus niños.

Todos los vecinos salieron en su apoyo, sin distinción de razas, manifestando, que eran una buena familia, y que el piso sería ocupado de forma inmediata e ilegal.

La familia regenta una pequeña tienda en el barrio, está enraizada y con evidente buena sintonía con el vecindario. La regidora de Serveis Socials de Badalona también se personó intentando  mediar, diciendo que el caso estaba en la mesa de emergencia municipal y que en pocos días tendría una solución, pero la comisión judicial se mostró totalmente inflexible, dejando claro que ellos no tienen ninguna obligación de ponerse en contacto con los servicios sociales para comunicar los desahucios. Se le ofreció a la familia una alternativa en el hostal por unos días, cosa que declinaron, diciendo que iban a instalarse provisionalmente en casa de familiares.

Un desahucio es siempre un drama social, pero el vivido el martes, con la presencia de los menores, que ante la falta de información de la familia no pudieron ser preservados de ser protagonistas fue de una crueldad difícil de olvidar.

Actuaciones a realizar de forma inmediata
1-      Presentar escrito en el juzgado para que deje entrar a la familia a recoger el resto de sus pertenencias, suponiendo que el piso no esté ocupado, lo que es mucho suponer.
2-      Exigir explicaciones al intendente de los Mossos por la actuación claramente xenófoba, racista y totalmente vejatoria de alguno de los mismos.
3-      Verificar que las comunicaciones judiciales fueron realmente realizadas en tiempo y forma.
4-      Exigir explicaciones sobre la actuación del mediador de Ofideute de la Generalitat en este caso. Me consta que mañana el Ayuntamiento tendrá una reunión con la Agencia Catalana de Habitatge.
5-      Ver al juez decano, para intentar que no se vuelvan a producir hechos como estos.
6-      Presentar una queja al juzgado 3 por el tono y modales de la intervención de la comisión judicial.
7-      Exigir al fondo IMP3 como gran tenedor el cumplimiento de la ley 24/2015.
8-      Instar al Ayuntamiento de Badalona, así como a todas sus empresas vinculadas a que rompa cualquier vínculo comercial, con el grupo de Banco Popular, en caso de que existan.
9-      Exigir responsabilidades al abogado de oficio, vía responsable del turno de oficio.
10-  Priorizar la concesión de un piso de alquiler social para la familia. Lo planteamos en la reunión semanal con el Ayuntamiento.
Todas estas actuaciones tendríamos que poderlas realizar de forma coordinada con el ayuntamiento de Badalona, con quien debemos estudiar de forma conjunta las medidas a tomar para que no sea posible la repetición de un caso como este.
Aparte de esto mañana a las 16,30 acompañamos a M. a Serveis Socials de Sant Roc y luego hablaremos del caso en la Asamblea semanal de la PAH.
Propongo realizar una acción de urgencia mañana mismo en el Popular, con eslóganes adaptados al caso y planificar una campaña continuada con el banco, que debería realizarse no solo a nivel local.
Esto es solo un resumen y un documento de trabajo para compartir lo vivido  Nos vemos en la asamblea.”

Aclaraciones para los lectores:

-       Esta situación no hubiera sido posible sin la acción del PP respecto a la ley catalana de protección a la vivienda de hace una semana. En la ley se impide un desahucio sin disponer de vivienda alternativa para los afectados.

-       La vivienda una vez desalojada queda a disposición del Banco Popular o de su instrumento ejecutor. No se conocen utilidades reales con esas viviendas. La mayoría son ocupadas inmediatamente y gestionadas por mafias locales. El Banco no saca ningún provecho de la acción.

-       El Banco Popular es la entidad financiera que dificulta más cualquier acuerdo extra judicial, prefiere con mucho, la ejecución y el desalojo sin piedad para los afectados, sea cual sea su situación. Recordemos, a efectos de balance, la raíz cristiana del banco y su íntima relación con el Opus.

-       La acción judicial está pautada legalmente, pero nada impide que el juez asignado intervenga con criterios humanos (no digo ya humanitarios) y emplace a encontrar soluciones menos salvajes.

-       El turno de oficio de la abogacía no es una asistencia jurídica de bajo coste y poca dedicación. Se le exige al abogado la aplicación de la misma ética que para cualquier otro cliente.

-       La policía se cita en los desalojos como prevención, no como asesino a sueldo.

-       Los instrumentos públicos para la asistencia y la vivienda, de la Generalitat y los Ayuntamientos, están muy lejos de disponer de los medios adecuados y suficientes para cumplimentar con cierta eficiencia sus compromisos. Hay más medios para tapar un bache que para evitar los sufrimientos de un desalojo.

Lluís Casas cabreado, asqueado y en nombre de la mayoría


viernes, 29 de abril de 2016

VOLVEMOS (O NOS LLEVAN) MUY ATRÁS EN EL TIEMPO



Me permitirán una cierta licencia para expresar un pesimismo personal que va y vuelve cual Guadiana. Aunque debo admitir que de vez en cuando no viene mal ponerse en lo peor. Es una manera, si está bien manejada y adornada con copa y puro, de remontes posteriores eficaces.

Desde hace unos años asistimos a la consolidación de una tendencia hacia la crueldad por parte de estados, administraciones internacionales, etc. que coinciden con la impresión (reforzada por análisis cuantitativos) que las clases muy acomodadas han decidido abandonar cualquier veleidad igualitaria, desprenderse de la democracia real y social, impulsar o tolerar con alegría las derivas populistas parafascistas, mirar hacia otro lado cuando surge una necesidad urgente de aplicación de los derechos humanos, de los derechos constitucionalmente aceptados. Además parece que ni la crítica, ni la fotografía indignante del abandono, ni la reflexión desde la religión o desde los sentimientos más elementales hacen mella ni en los tenedores del poder económico, ni en sus delegados en la política. No hace falta recordarles la inmensa crueldad frente a los migrantes de la guerra. Ni la inacción frente a la situación de desespero familiar con el paro, los desahucios y las lacras crueles instaladas en nuestro país. No cabe dejar de lado otro tipo de crueldad más cercana, la que se desprende de la intervención personal que nos ofrecen a menudo los medios: personas concretas que muestran su indignidad con el maltrato a otras personas en clara situación de desventaja. Si quieren un comentario ilustrado y eficiente, lean a Joaquim Sempere en Mientras Tanto.  

Como con lo anterior me parece suficiente para hacerme entender por los lectores, paso a hacer las siguientes preguntas que me parecen de interés, aunque no resuelvan nada:

1.   ¿Se les ocurre que en otras ocasiones históricas ese abismo entre los pudientes y el resto ya se ha producido y ha derivado (con tiempo) hacia cambios de gran radicalidad?
2.   ¿No les sorprende que este momento histórico, lleno de posibilidades organizativas, de comunicación inmediata, de líneas de influencia y delegación políticas, sigamos con una debilidad de cambio tan acentuada?
3.   ¿No les extraña esa paciente espera (no se sabe de qué) de los afectados por las derivas sociales y sus entornos, mientras pasan años, cambian legislaturas, se hunden bancos y se malgastan oportunidades de mejora?
4.   ¿No resulta extraño que la filiación política y la sindical que son ejes de agrupación para el cambio estén en cifras ridículas?
5.   ¿Cómo es posible que la multitud de mareas existentes, salud, educación, vivienda, etc. no se haya transformado en una gran palanca de cambio y se hayan establecido en reivindicaciones sectoriales cada vez menos atendidas por la prensa y la ciudadanía?
6.   ¿Qué hay bajo la actitud juvenil de aceptar jornales medianos por jornadas completas, sin agitación social y rebelión?
7.   ¿Cómo es que se acepta la emigración económica a la ventura cuando se ha recibido una previa formación elevada, tal como la aceptaban nuestros abuelos y bisabuelos?
8.   ¿No les sorprende la inocencia de propuestas políticas y sociales en torno al bien común o cosas parecidas, cuando hace casi dos siglos que se empezaron a ensamblar metodologías sociales y políticas mucho más aceradas en la crítica y el análisis?
9.   ¿Resulta tan lamentable el estado de reflexión sobre las experiencias pasadas que despreciamos lo que costó tanto construir: organización política y social para el cambio e ideología de soporte?
10.          Dejo el espacio para que ustedes añadan a voluntad lo que quieran.

              SANT JORDI O EL DRAC ES MENJA EL CAVALLER

Siento añadir a lo dicho un comentario entre irónico y crítico a la jornada de Sant Jordi reciente. En otros tiempos me resultaba imposible no producirme una hernia con el peso de los libros adquiridos en la jornada del 23 de Abril. Incluso no evitaba el acarreo del bulto por la paradas callejeras y por la visita arriesgada al interior de las librerías. Todavía recuerdo la emoción del día y la elaborada lista de preferencias literarias que cuidadosamente preparaba durante semanas para no caer en tentaciones ingobernables el día de autos. Tampoco olvido los años juveniles en que estuve detrás del tenderete, ya como asesor de compras o como acarreador de paquetería ilustrada.

Hoy, en cambio, no me atrevo a salir de casa. La aglomeración manifiesta que provoca un día soleado me impulsa a recogerme en el sofá y leer, en vez de comprar (si uno tiene la suerte de alcanzar la zona de venta). Tampoco es que la oferta sea digna de reconocimiento, salvo algunas excepciones de garantía y honorabilidad comprobadas este año ha sido insulso de cojones (¿Cómo es que Juan Marsé no es el autor ganador del día, por poner un ejemplo garantizado?). La lectura al final de la operación tampoco ayuda a celebrar la jornada: los premios de venta señalan cosas irreconocibles desde el punto de vista literario o del interés por las cosas reales de este mundo. Claro está que después de los líderes de ventas, siempre hay otros  (escritores de valía) que consiguen colocar un digno número de ejemplares. Una cosa por la otra, nos consolamos. Reformistas recalcitrantes que somos.

En fin, la alegría que desprende el comentario del Boss sobre el asunto no es compartida por el que firma. Tal vez vista desde Pineda de Marx la cosa cambia, pero desde la plaza Lesseps resulta invivible.


Lluís Casas, como ven, necesitado de unas elecciones